Autocontrol… sí por favor !!!

La palabra “control”, tanto en el terreno laboral como en el personal, la podemos percibir con connotaciones negativas si viene motivada por una falta de confianza hacia lo que deseamos controlar: a los empleados, colaboradores, a nuestros socios, a la pareja, a los hijos…

En cambio, si anexamos delante la palabra “auto” obtenemos como resultado un término de connotaciones muy distintas: “autocontrol”. ¿Quién no quiere autocontrol en su vida?

El autocontrol nos proporciona seguridad, calma, confort y sobretodo, alimenta nuestra autoestima tan preciada. Saber que podemos controlar nuestras emociones, impulsos y reacciones nos hace más fuertes. Pero no me refiero a vivir bajo un permanente autocontrol que nos puede llevar a la auto-represión permanente, no. Las emociones no hay que reprimirlas, mayormente las positivas como el afecto, la admiración, el cariño… y nadie está en el derecho de negarnos la posibilidad de expresarlas. En este momento a más de uno quizás nos venga a la mente la célebre canción de Mecano “No controles”, ¿verdad? Sobretodo a los que ya vamos teniendo una edad… je, je.

En cualquier caso, es bueno saber que disponemos de los mecanismos necesarios para gestionar los momentos difíciles.

El autocontrol nos permite también empatizar más fácilmente con los demás. En el ámbito profesional y personal me he encontrado en algunas ocasiones ante situaciones en las que otras personas han actuado de forma descontrolada con respecto a la forma en que dirigían a mí y a los demás. Al principio estas situaciones me generaban una pérdida de mi propio autocontrol ya que no me dejaban pensar con claridad por el nerviosismo y estrés que me suponían. Con el tiempo aprendí a controlar mis propias emociones en estos casos al convencerme a mí mismo de que el problema no estaba en mí. Además, en el campo profesional, las personas que pierden el control ante los demás pierden también su credibilidad por más fundados y documentados que puedan estas sus razonamientos.

El autocontrol significa también conocerse a uno mismo, algo imprescindible para cualquier persona que se platee emprender un proyecto a nivel profesional o empresarial, o para quien simplemente busca mejorar en la vida.

Un buen día mi buen amigo Josep Cussó, coach en oratoria y liderazgo, me recomendó muy acertadamente un libro que me ayudaría en mi proceso de autocontrol: El juego interior del tenis (W. Timothy Gallwey). Josep sabía que me gusta practicar el tenis y pensó que este libro era la combinación perfecta para un lector como yo, al que le cuesta engancharse a una lectura si no le motiva el tema desde la primera página. No se equivocó.

El libro, al que también hace referencia Simon Dolan en su libro Coaching por Valores, habla de la teoría de los dos yoes y de la necesidad de tenerlos en armonía y control para asegurar el bienestar emocional. Lo hace desde la perspectiva del mundo del deporte y del tenis en particular, donde la psicología cobra especial importancia sobretodo en la competición profesional.

Te invito a ver el siguiente video en el que explico de una forma gráfica la teoría de los dos yoes de la que habla Tim Gallwey en El juego interior del tenis.

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