Empresas con valores: todas lo son !!

Uno puede pensar que la Dirección por Valores  (DxV) es algo novedoso en el mundo de la gestión empresarial, pero no es así. Simon Dolan acuñó ya este concepto hace muchos años en su libro de gran éxito en ventas, del cual es coautor junto a Salvador García, La Dirección por Valores, edición ya agotada.

Imagina que formulamos la siguiente pregunta a empresarios y directivos de hoy:
“¿En el modelo de gestión de tu empresa se aplica la Dirección por Valores?”

Seguramente la mayoría de las respuestas serán negativas y en cierto modo pueden ser correctas. Probablemente no aplican el modelo de DxV de forma explícita, pero aquí viene la reflexión que quiero compartir contigo: todas las empresas y directivos, sin excepción, están poniendo en práctica de forma implícita la DxV en las decisiones que toman, ya sean estratégicas o tácticas.

Cuando en una organización se toman decisiones a cualquier nivel de forma reiterada y en un mismo sentido, podemos asegurar que detrás de las mismas se halla algún valor significativo que acaba formando parte de su cultura empresarial.

Lo veremos más claro con algunos ejemplos:

  1. Cuando en una organización se tiende siempre a premiar y reconocer públicamente los logros del personal, ya sea a través de los canales de comunicación internos o los externos, podemos decir que está honrando el valor del reconocimiento (también conocido como la meritocracia).
  2. Si una empresa realiza habitualmente encuestas de satisfacción a sus clientes y les pregunta por ejemplo, en qué más les podría ayudar para satisfacer mejor sus necesidades, aflora el valor de la atención al cliente.
  3. Si la dirección de una empresa suele utilizar como forma habitual de despido la comunicación a la persona afectada justo en el momento de su marcha, sin dar la posibilidad ni de despedirse de los compañeros, se pone de relieve el valor de la confianza, o en este caso, la falta del mismo (la desconfianza).
  4. Si una empresa presenta siempre dentro de plazo sus Cuentas Anuales e incluye además en su Informe de Gestión información relevante de las prácticas que lleva a cabo en materia de Responsabilidad Social y Medio Ambiente, entonces practica el valor de la transparencia.

Como habrás observado, podemos percibir los valores inherentes a cualquier organización como positivos o negativos (contravalores) según el efecto que percibamos en ellos. Sea como sea, si la empresa los practica de forma recurrente formarán parte de su cultura organizativa, estén publicados o no en sus canales de difusión corporativa.

La DxV trabaja estos valores de forma consciente y explícita: los pone sobre la mesa y los trabaja mediante un proceso participativo que empieza desde la Dirección General y llega a todos los niveles de la organización, estableciendo planes de acción y procesos integradores en los que todos los miembros se sientan parte importante.

La metodología Coaching por Valores (CxV) aporta criterios, pautas y herramientas para poder aplicar con éxito la DxV en cualquier tipo de organización. Pero no solo es aplicable en el ámbito empresarial, que es mi especialización, sino que también se trabaja a nivel de la persona y las relaciones (pareja, familia…). Te invito a conocerla !!

Porque no olvidemos algo que parece obvio pero no siempre tenemos presente: al final las empresas son sobretodo personas que buscan realizarse profesionalmente en concordancia con su realización personal. Y esto es aplicable a cualquier rol en el mundo de los negocios: empresario/a, autónomo/a, directivo/a, empleado/a…

PROPUESTA DE ACCIÓN

  1. Piensa en alguna actuación en la empresa que se dé con frecuencia y con la que no estés muy satisfecho/a.
  2. Identifica el valor que hay detrás de esa acción (o contravalor) y el valor que te ayudará a cambiarla para mejor.
  3. Establece un Plan de Acción y compártelo con las personas que te pueden ayudar a implantarlo.

… Y vamos a ver qué pasa !!

Autocontrol… sí por favor !!!

La palabra “control”, tanto en el terreno laboral como en el personal, la podemos percibir con connotaciones negativas si viene motivada por una falta de confianza hacia lo que deseamos controlar: a los empleados, colaboradores, a nuestros socios, a la pareja, a los hijos…

En cambio, si anexamos delante la palabra “auto” obtenemos como resultado un término de connotaciones muy distintas: “autocontrol”. ¿Quién no quiere autocontrol en su vida?

El autocontrol nos proporciona seguridad, calma, confort y sobretodo, alimenta nuestra autoestima tan preciada. Saber que podemos controlar nuestras emociones, impulsos y reacciones nos hace más fuertes. Pero no me refiero a vivir bajo un permanente autocontrol que nos puede llevar a la auto-represión permanente, no. Las emociones no hay que reprimirlas, mayormente las positivas como el afecto, la admiración, el cariño… y nadie está en el derecho de negarnos la posibilidad de expresarlas. En este momento a más de uno quizás nos venga a la mente la célebre canción de Mecano “No controles”, ¿verdad? Sobretodo a los que ya vamos teniendo una edad… je, je.

En cualquier caso, es bueno saber que disponemos de los mecanismos necesarios para gestionar los momentos difíciles.

El autocontrol nos permite también empatizar más fácilmente con los demás. En el ámbito profesional y personal me he encontrado en algunas ocasiones ante situaciones en las que otras personas han actuado de forma descontrolada con respecto a la forma en que dirigían a mí y a los demás. Al principio estas situaciones me generaban una pérdida de mi propio autocontrol ya que no me dejaban pensar con claridad por el nerviosismo y estrés que me suponían. Con el tiempo aprendí a controlar mis propias emociones en estos casos al convencerme a mí mismo de que el problema no estaba en mí. Además, en el campo profesional, las personas que pierden el control ante los demás pierden también su credibilidad por más fundados y documentados que puedan estas sus razonamientos.

El autocontrol significa también conocerse a uno mismo, algo imprescindible para cualquier persona que se platee emprender un proyecto a nivel profesional o empresarial, o para quien simplemente busca mejorar en la vida.

Un buen día mi buen amigo Josep Cussó, coach en oratoria y liderazgo, me recomendó muy acertadamente un libro que me ayudaría en mi proceso de autocontrol: El juego interior del tenis (W. Timothy Gallwey). Josep sabía que me gusta practicar el tenis y pensó que este libro era la combinación perfecta para un lector como yo, al que le cuesta engancharse a una lectura si no le motiva el tema desde la primera página. No se equivocó.

El libro, al que también hace referencia Simon Dolan en su libro Coaching por Valores, habla de la teoría de los dos yoes y de la necesidad de tenerlos en armonía y control para asegurar el bienestar emocional. Lo hace desde la perspectiva del mundo del deporte y del tenis en particular, donde la psicología cobra especial importancia sobretodo en la competición profesional.

Te invito a ver el siguiente video en el que explico de una forma gráfica la teoría de los dos yoes de la que habla Tim Gallwey en El juego interior del tenis.

[gdlr_video url=”https://www.youtube.com/watch?v=qnu_EK-vCfs” ]

¿Qué tal tus valores?

Después de haberme certificado en la metodología de Coaching por Valores (CxV), estoy totalmente convencido de la gran utilidad que ofrece esta herramienta. Fueron unos días de mucha intensidad vivencial y rodeado de buena gente con ganas de hacer grandes cosas.

En los últimos meses he trabajado duro realizando una profunda inmersión en el campo de los valores que mueven a las personas. El resultado ha sido la creación de un método para trabajar los valores que he puesto al servicio del sistema educativo: el método VEC – VALORES EN COLORES.

Se trataba de una necesidad vital que me movía a crear algo que pudiera ser útil a la sociedad. El tiempo dirá si lo es. En cualquier caso, mi satisfacción tras dar a luz a la criatura ha sido enorme.

He estado más de veinte años dedicado al mundo de las finanzas, principalmente. En muchas ocasiones, sobretodo en los últimos años, me preguntaba qué valor estaba aportando yo con mi trabajo. Seguramente (espero) he aportado valor en las empresas para las que he trabajado, pero ¿y la sociedad?. ¿qué beneficio directo le he podido aportar con mi trabajo? La respuesta me inquietaba y por eso me puse manos a la obra.

La situación que te acabo de explicar tiene que ver con mis valores, como todo lo que hacemos en esta vida, aunque yo no lo supe hasta darme cuenta de que existían. Ponerlos ante mí y reflexionar sobre ellos ha supuesto un cambio trascendental en mi vida.

Por eso quiero aprovechar este momento para compartirlos contigo los que a día de hoy considero como más importantes para mi persona. Y digo a día de hoy porque algunos pueden cambiar en el tiempo, o cuanto menos su orden en la escala jerárquica. Por consiguiente, conviene no olvidarse de ellos y revisarlos periódicamente.

Esta es mi lista:

La honestidad: Ser honesto, conmigo mismo y con los demás.

La  coherencia: Ser coherente en mis actos, alineándolos con mis pensamientos y mis palabras.

El buen humor: Sonreír cada día e intentar contagiar la sonrisa a los demás. Practicar el buen humor y reírme de mí mismo antes de reírme del mundo.

La solidaridad: Ser solidario con el mundo en que vivimos: soy donante de sangre, órganos y miembro de algunas ONG, pero considero que me queda mucho por hacer en este campo.

La responsabilidad y la ética: Actuar siempre con alto sentido de la responsabilidad y la ética, porque solo así se pueden construir relaciones de confianza duraderas tanto en el ámbito personal como en el profesional.

El respeto y la mente abierta: Abrir la mente y ser respetuoso con las opiniones de los demás desde la empatía.

La humildad: Estoy en constante proceso de aprendizaje. No sé más que nadie y puedo aprender de cualquier persona sobre cualquier materia.

Ayudar a los demás: Quiero compartir mis conocimientos y experiencias con la sociedad y ayudarles a ser mejores personas en la medida de mis posibilidades..

La felicidad: Buscar la felicidad, aunque ello me suponga en ocasiones tomar decisiones difíciles y doy fe que las he tomado. Solo si yo soy feliz puedo contagiar felicidad a los que me rodean. Todo y así, soy consciente que la felicidad absoluta no existe sino que vivimos momentos de felicidad que son los que debemos maximizar.

La libertad: Sentirme libre, que actúo en base a lo que yo pienso y creo sin sentirme condicionado por los demás, aunque sí tomando en consideración aquellas opiniones que realmente me importan.

Hasta aquí mis valores. ¿Y los tuyos? ¿Tienes claro cuáles son a día de hoy? Si tienes dudas, te invito a hacer lo siguiente:

PROPUESTA DE ACCIÓN

  1. Reflexiona sobre cuáles son los valores principales que te mueven actualmente.
  2. Una vez los tengas, anótalos y establece una jerarquía entre ellos, de más a menos importante.
  3. Piensa en el grado de alineamiento que tus actos y tus pensamientos tienen con cada uno de los valores identificados.

El resto lo dejo en tus manos…

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